SOCIÓPOLIS
Enero 14, 2008 on 7:01 pm |Escrito por Gabriela Sisniega
| En General | No hay comentarios“El espacio del público ha sustituido al espacio público” Marc Augé.
VICENTE GUALLART/ TOYO ITO/ WILLY MULLER ARQUITECTOS, MANUEL GAUSA/ SCAPE ARCHITECTURE. Duncan Lewis/ R&SIE ARCHITECTS. FRANÇOIS ROCHE/ GEODE BLOCK/ YO2 ARCHITECTS. Young Joon Kim./ THE OBSERVER DESIGN GROUP. JM LIN / EA ARQUITECTOS. Antonio Lleyda, Eduardo de la Peña/ SOGO ARQUITECTOS/ JOSE LUIS MATEO. MAP ARQUITECTOS/ MVRDV / COLOMER& DUMONT/ ARQUITECTURAS TORRES NADAL/ ARQUITECTURA MEDIATERRANEA. José María Lozano/ ABALOS & HERREROS/ NO.MAD ARQUITECTOS. Eduardo Arroyo.VALENCIA, ESPAÑA, 2007
Como arquitectos no podemos evitar influir en la dinámica humana con cada proyecto consumado. Nuestros proyectos cargan con la responsabilidad de interferir con la vida cotidiana de una persona. Debemos entonces ir más allá de la intensión de crear como seres supremos y en su lugar provocar que los destinatarios realmente intervengan en el proceso creativo de su espacio.

En las últimas décadas ha sido rotundo el fuerte cambio cultural que sufre la sociedad actual, la sociedad del conocimiento y la información, (referente al uso continuo de los medios de comunicación, independiente de su buen o mal uso); sociedad del consumo y largas jornadas de trabajo, este hecho debiera ser reflejado en el espacio, colectivo y personal, respondiendo a necesidades del nuevo funcionamiento social.

Las características del espacio público actual, en lo sucesivo denominado ‘No Lugar’, parecen funcionar a la perfección para la sociedad actual “Sobremoderna” donde la individualidad es proporcional a la globalización. Y aquí la paradoja social del siglo: Heterogeneidad individual frente a la homogeneidad global.
Las personas no configuran más su propio espacio. Es esa una de las razones por las que el lugar carece de identidad. En términos de Marc Augé; un No Lugar es aquel espacio sin identidad, ni vínculos directos entre el que lo ocupa y el lugar mismo. Un espacio donde se es anónimo, y el dialogo interpersonal es inexistente. Este fenómeno existe tanto en el espacio privado como en el espacio público, aunque en este último es mucho más evidente.

Tenemos como ejemplo los centros comerciales; el espacio “público” más concurrido en la actualidad, configurado alrededor del consumo, el mercado global y las marcas. El espacio público se ha visto reducido a angostos pasillos que guían al caminante hacia sus reducidas actividades de trabajo y consumo. Hoy en día la convivencia social es una consecuencia del consumo. Esto como fenómeno actual; el mismo método podría ser usado para fines más productivos exactamente con los mismos recursos.
Como segundo caso, están las viviendas tipo. Estos cubitos con puertas y ventanas que arman las constructoras y venden al mayoreo. Estos FRACCIONAMIENTOS, (palabra muy acertada por cierto), sufren también de una amputación del espacio para la convivencia. Las banquetas (volviendo al término de pasillo) apenas alojan a uno que otro loco que aún camina.

El habitante del cubito es además acreedor de un nuevo hogar simulado que si mucho tiene un espacio para instalar algún detalle que distinga su vivienda de las demás, un rastro que queda de aquello que llamábamos identidad.
¿Por qué es importante la identidad?, citando de nuevo al antropólogo frances Marc Augé; “No hay identidad sin la presencia de los otros. No hay identidad sin alteridad”. La alteridad como concepto filosófico, también se ve en la afirmación del “yo” hace del “otro”. Una persona a través de la interacción con el otro puede conocer cosas que antes no conocía, de esta forma se crean imágenes e ideas nuevas que refuerzan, cuestionan o enriquecen las propias.
Lo cierto es que el tiempo, el dinero y los intereses ya no alcanzan para alguna otra alternativa, o por lo menos eso parece. La sociedad está envuelta en innumerables distracciones y no repara en la ausencia de vida a su alrededor.

Sin embargo, existen proyectos que logran destacar estas incoherencias mundanas y además ofrecen alternativas sobre el sistema actual. No llegan a ser la utopía que por arte de magia frene nuestros vicios humanos, pero nos acercan a una dinámica urbana mucho más humana y social.
En el año 2003 se presentó en la bienal de Valencia, España este proyecto denominado “Sociópolis” donde participan alrededor de 13 arquitectos internacionales y cuya construcción dio inicio hace poco menos de un año.
Promocionado por el Instituto Valenciano de la Vivienda (IVVSA) combina la vivienda con el desarrollo sostenible de la zona, adoptando el criterio de vivienda vertical para rescatar terreno y así destinarlo para equipamiento social, cultural, deportivo y ecológico.

Tras su presentación se realiza un primer barrio de 2.800 viviendas al sur de la ciudad de Valencia, en la pedanía de La Torre, situado torno al nuevo cauce del rió Turia, en una superficie de alrededor de 350.000 m2.
El concepto de Sociópolis es mantener una zona agrícola en e integrarla como un entorno habitable y utilizable por los inquilinos. El parque central (áreas verdes y equipamientos) tendrá una superficie de de 165.000 m2, y 8.404 metros lineales de acequias, que darán servicio a los huertos urbanos.

La huerta a orillas del rio Turia era una reserva ecológica protegida, sin embargo rodeada de vías de alta velocidad lo que la hacían una zona olvidada y por tanto deteriorada. Al implantar vivienda en la zona sin eliminar la vocación del lugar se complementan y aseguran dos necesidades para una ciudad sana: vivienda y naturaleza provocando además una relación simbiótica entre ambas partes. Sin mencionar las peculiaridades que a cada edificio le ha dado su internacional autor. Cada arquitecto le da un giro muy interesante a su porción de proyecto siempre respetando común denominador de conservación y comunidad ecológica que rige al conjunto.

En palabras del arquitecto Vicente Guallart, líder del equipo multidisciplinar; “el reto es construir un nuevo barrio entre la ciudad y la huerta de Valencia ha permitido explorar una nueva condición híbrida y dinámica del territorio al proponer un nuevo modelo para el manejo de los bordes urbanos. Ya no vivimos en una metrópolis compacta, sino en una metápolis discontinua; en un territorio amplio recorrido por vías de transporte y ocupado por núcleos de población, parques industriales y centros de comercio.
Ahora el reto es conseguir hacer crecer la ciudad, integrando en nuestros desarrollos los elementos culturales y antropológicos del paisaje que hemos heredado de nuestros antepasados. Construir y proteger se realizan en el mismo acto. Frente a la dicotomía ciudad-campo, ahora proponemos conseguir una transición inteligente entre estos dos modos de asentamiento anteriormente antagónicos, una integración que permita reconocer en este caso el valor social y cultural del paisaje de la huerta de Valencia, e integrarla en el suelo y la vida urbana.
Ante una sociedad global, cada día más uniformizada, el reconocimiento de los valores culturales y paisajísticos propios de cada territorio significan calidad de vida a los ciudadanos y además de afirmar una identidad propia.

Por ello, frente al urbanismo del siglo XX, construido en función de la velocidad del automóvil Sociópolis propone un nuevo modelo de desarrollo “tecno-agrícola” que garantice la creación de un entorno local de alta calidad ambiental a ser usado a baja velocidad por sus habitantes”.