La imaginación es memoria

Julio 8, 2008 on 4:16 am |

Escrito por Andrei Vásquez

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Vidas Perpendiculares
Álvaro Enrigue
Anagrama, 2008

Llevada a un extremo metafísico, me atrevo a decir, esta novela es un cuestionamiento fantástico sobre la certeza de la memoria. Si nuestros actos son una consecuencia de lo que hemos vivido, ¿qué pasa si nuestra memoria es en realidad una ficción? La memoria tan frágil, nosotros tan inventivos y nuestros actos tan inexplicables. De esta manera, Jerónimo Rodríguez Loera, el protagonista central de la novela, puede ser un fenómeno que recuerda sus reencarnaciones anteriores, como también puede ser una máquina mitómana parricida. En ese contraste drástico está la genialidad del personaje.

Jerónimo nace en 1936 en Lagos de Moreno, Jalisco, sospechosamente producto del matrimonio entre don Eusebio, un empresario español, y Mercedes, hija de buena familia conservadora de provincia. Por su actitud callada e introspectiva, Jerónimo es tachado de retrasado mental y su papel de primogénito se degrada poco menos que al de un empleado incómodo de don Eusebio. Es en esta infancia marginal, en medio del desdén familiar, que Jerónimo comienza a recordar sus vidas pasadas. Su muerte en la Germania latinizada, mientras lima puntas de lanza. El sexo salvaje que sostiene con una de las madres de su tribu, de cueva en cueva, antes de la Historia. El amor imposible que contiene por la amante de Francisco de Quevedo en una Nápoles escatológica. O su matrimonio arreglado en las tierras que Jesús acaba de pisar.

Al morir don Eusebio, el resto de la familia viaja a la ciudad de México. Allí, mientras Jerónimo y su hermano lidian con la crueldad de la pubertad chilanga, Mercedes tiene sus encuentros clandestinos con el amor de su vida: Octavio, el padre biológico de nuestro personaje. La abuela se entera de esos encuentros y va por los púberes para salvarlos del pecado. Miguel regresa a Jalisco y Jerónimo es enviado a Filadelfia a un internado católico. Es allí donde lee todos los libros que es capaz de devorar y aprende, o recuerda, todos los idiomas posibles. Es también en esta ciudad en donde se convierte en escritor: comienza a acomodar sus recuerdos de reencarnaciones pasadas y a reflexionar en torno a ellas: una incesante búsqueda por el olor de una fruta extinta: una constante lucha frente al obstáculo, siempre, en todas las vidas: su padre. A los 19 años y tras la muerte prematura de su madre, Jerónimo vuelve a México a resolver el futuro de él y de su hermano menor. Es recibido por Octavio y su esposa Tita, cuyo olor es idéntico al de una fruta olvidada. ¿Les tengo que contar lo demás?

En alguna entrevista, Álvaro Enrigue (Ciudad de México, 1969) ha dicho que siempre se escribe el mismo libro. Aun cuando es distinta la situación, el momento histórico, el sexo, la cosmogonía o la personalidad, la entidad de Jerónimo vive siempre la misma vida. Todas sus encarnaciones convergen siempre en el mismo duelo. (El título, Vidas Perpendiculares, no es gratuito).

Si bien al inicio de la novela el narrador parece lejano y demasiado campechano, a lo largo de las páginas se solidifica y es precisamente ese tono la clave para que cierre la obra. Son, pues, los apuntes de un veinteañero lúcido y caliente, la conclusión y fuente de todo. Este riesgo que toma Enrigue para narrar distintas épocas y personajes desde la misma voz y en un espacio corto, salvo en algunos brincos abruptos, lo libra con sutileza y armonía. De allí se derivan los mejores episodios, ensambles compactos que le exigen al lector no perderse y disfrutar del vértigo entre el pasado contundente y el presente difuso. La fuerza de algunos pasajes, como el del cazamonjes napolitano o la griega filocabras, rebasan la injerencia que tienen sobre el relato principal. Sin embargo, esta misma distribución de intensidad le resta impacto al ofuscamiento que padece Jerónimo hacia el final.

Tal como Álvaro Enrigue, este reseñista tampoco cree en la reencarnación. Aún así, al terminar de leer Vidas Perpendiculares, la realidad se hundió en el mar de la especulación. A final de cuentas, como dice Sergio Pitol, todos los tiempos son en el fondo un tiempo único.

Informe

Mayo 24, 2008 on 4:22 pm |

Escrito por Andrei Vásquez

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Rafael Lemus
Tusquets Editores, 2008

Esta reseña inicia con una confesión: quien esto escribe admira al reseñista que ha publicado sus cuentos. No sólo como crítico literario, ni por el acto de exponerse al riesgo de recibir los golpes que él ha dado; sino por el hecho de poner a discusión su narrativa ideal.

Así pues, este reseñista abre el libro con grandes expectativas, con la intención de bebérselo de un trago y después jactarse de ello frente a otros colegas. Sin embargo, con el avance de las páginas, nota que este libro no es para beberse de un solo trago, sino para tragárselo en soporíferas cucharadas. (Lo cual no es para nada una diatriba, sino al contrario, un aplauso a la congruencia del autor quien, desde el inicio se sospecha, no busca entretener al lector, busca desesperarlo, busca la fricción, y lo logra).

Informe pretende ser un mazacote frente a los productos ya digeridos que se escriben y se leen a diario. Sin embargo, en su apuesta por el lector, Lemus corre el riesgo de ofrecer textos intragables. Y no es por nuestro sistema digestivo acostumbrado a productos previamente masticados, sino por la forma de su masa. Porque ni siquiera es intragable por la complejidad de sus mecanismos narrativos o la profundidad de sus temas, es intragable en la superficie. Intragable nomás por ser intragable; literatura mazacote nomás por evitar ser literatura light, ya digerida. Hay que comer mucha fibra para deshacerse de la indigestión que provoca.

Tampoco es que se trate de ocho abstracciones divagantes, o simples perífrasis desquiciadas, Informe está compuesto por espirales que, siempre trastabillando, o se elevan al delirio o se hunden en la nieve. Pero sólo eso.

Informe es un libro sobre moscas. Las moscas como el arte por el arte, la literatura por la literatura, la forma por la forma, un sistema de auto referencias, onanismo. Si el lector intenta interpretar en los personajes de Informe símbolos en su pensamiento o alegorías en la acción, olvídese. Recuerde: sólo moscas. Otra conclusión: las moscas de Lemus no vigilan, su presencia es un zumbido exasperante.

Eso sí, en ese zumbido puede notarse el regodeo hiperbático de Efrén Hernández, la libertad delirante del Beckett narrador y la llanura de Walser.

A partir de la lectura de Informe, este reseñista se ha preguntado por el lector, en si podría recomendarlo. También piensa que no podría no recomendarlo, es decir, aunque la libertad de sus cuentos contrasta drásticamente con el tartamudeo de su prosa, aunque su forma aprisiona sus delirios, los textos son dignos de comentarse. Pueden ser un detonante para nuevos cuestionamientos en torno al lenguaje; alrededor de la narrativa. Aunque intragable, en algún nivel lleva la semilla apasionante de la literatura.

Fuera de todo esto, el texto más valioso es el epílogo, el único en donde vemos a un personaje concreto, en este caso temeroso, cernido por un peligroso misterio, buscando explicaciones sobre lo que lo ha llevado ahí. El único que toma conciencia. El único de sus textos que no flota en el aire.

Informe, pues, Mazacote, debería llamarse. Más que desquiciados, sus personajes parecen tartamudos. Sofisticado, demasiado, es su estilo y deslumbrante, por momentos ininteligible, su prosa. Grata idea, piensa este reseñista y aplaude, transcribir de otros, guiñarle al lector exigente. Aunque sus cuentos, ejercicios de ritmo, urdimbre extrema de ideas simples en espacio corto, antes que nada son su puro deleite. No le importa, por ejemplo, la claridad. Le encanta, así parece, enlodarse, arrastrarse en la forma y regodearse; así también, en el fondo: sólo flotar.

Pétalos y otras historias incómodas

Abril 5, 2008 on 6:12 pm |

Escrito por Andrei Vásquez

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Guadalupe Nettel
Editorial Anagrama, 2008

¿Por qué es incómodo observar las compulsiones de otros?, ¿de dónde proviene la perturbación que nos provoca mirar a alguien en complicidad con su manía? Guadalupe Nettel (Ciudad de México, 1973) tiene la habilidad de hacernos saborear las ansiedades de sus personajes sin despegar al ojo de sus letras. En Bezoar, por ejemplo, leo: “Esa mañana descubrí también la anatomía de un pelo (…) existe una parte oculta y babosa que conforma la raíz (…) Lo primero que se me ocurrió fue meterme el bulbo a la boca y engullirlo”, y se convierte casi en una necesidad física continuar leyendo. En el epígrafe de ese cuento se habla sobre un antídoto contra la melancolía, hallado en el estómago de cierta cabra de la India que devora su propio pelo. Nuestras compulsiones, entonces, nuestras manías, casi siempre arrastradas desde la infancia, son nuestros umbrales hacia la paz personal, nuestro escondite. Todos los personajes de Pétalos son atacados por esta imposibilidad de tranquilidad, por esta ansiedad interminable; quizá lo incómodo de observarlos sea reconocer esa necesidad en nosotros, ese secreto, esa parte oculta y babosa en la raíz que devoramos tanto como aquellos, ese escondite que callamos.

En todo caso, en sus cuentos, atinadamente preocupada por ocultar el fondo que por experimentar en la forma, Nettel nos muestra un catálogo actualizado de voces excéntricas en una búsqueda ansiosa. Las situaciones, aunque peculiares, quedan aplastadas por la sensación que deja al final el cuento en el lector. El gran acierto en la forma es la claridad y la frescura con la que narran sus personajes, que esconden con sutileza la complejidad de su personalidad y la distorsión en su interior. Cada personaje padece una escala de valores singular, aparenta un universo paralelo caminando en nuestro escenario cotidiano.

El misterioso desánimo dentro de un fotógrafo de párpados, la perspicacia de una voyeurista contenida, la revelación en una quinceañera respecto a la imposibilidad de la verdadera soledad, un hombre con olfato impecable inmerso en una desesperante búsqueda de excusado a excusado y los arrebatos en el diario de una modelo pelirroja adicta a su pelo, son la enumeración de los pétalos de este libro, una flor cuyo aroma repelente provoca el olfateo incesante. El cuento Bonsái -los cuestionamientos de un oficinista japonés detonados por la constante visita a un jardín y su identificación con el cactus- es, para mi gusto, el mejor trabajado de todos, el tallo que sostiene a la flor. Una flor para masticarse con calma, aunque alguien nos vea, para saborear el dejo después de tragarla.

No por nada ganador del Premio Nacional de Literatura Gilberto Owen 2007, este libro puede convertirse en un referente de la narrativa mexicana que entra al siglo XXI.

La Sombra del Sol

Febrero 25, 2008 on 4:53 am |

Escrito por Andrei Vásquez

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Mario González Suárez
Editorial Almadía, 2007, 147 PP.

De la total oscuridad, poco a poco, comienzan a brillar palabras. Las voces que las emiten, pertenecen a los sobrevivientes de una catástrofe dentro de un centro comercial. Los lectores presenciamos la puesta en escena de una obra llamada “El Meteorito”, cuyo eco coquetea con la farsa filosófica de Pirandello. Los diálogos avanzan ágilmente hacia la construcción de personajes sólidos, cada uno, la alegoría de una forma de entender el mundo; así pues, González Suárez nos enfrenta a las distintas reacciones ante un momento decisivo, ante el desastre material y la crisis colectiva que se deriva. Ahí donde el ser humano contemporáneo se siente más seguro, el centro comercial, se ha derrumbado; toda certidumbre puede desmoronarse. Una embarazada enceguece y busca la protección más cercana, otra mujer se cuestiona todo e intuye una revelación impresionante, el gerente del centro comercial se aferra al sistema al que pertenece y defiende los intereses insensatos de su empresa a niveles absurdos, un empleado inconforme busca la básica supervivencia a sabiendas del nuevo orden de las cosas, un alcohólico busca ayudar y sólo encuentra botellas; y un adolescente calla, obedece, contempla.

Sin embargo, González Suárez, digámoslo, de una imaginación potente, no sólo se encajona en el predecible conflicto entre sus contrastantes personajes, sino que dibuja la causa de la catástrofe con tonos insospechados, y deja moverse a cada cual en su propia búsqueda, como si fueran intérpretes improvisando sobre el escenario de su conciencia. A grado tal que, hacia la resolución de la obra, el mismo autor, dejándose llevar por la pluma, o el teclado, parece igual de impresionado que sus lectores; e igual de dirigido que sus personajes, por una entidad inquietante: el director de la puesta en escena.

La destreza con la que avanza la acción es tal, que cuando uno vislumbra el final, el libro ya ha terminado. González Suárez, autor también de Nostalgia de la Luz (Tusquet, 2003), se toma con sentido del humor, y sin aprehensiones, los riesgos de su narrativa.

El erotismo de Bataille

Febrero 12, 2008 on 2:35 pm |

Escrito por Franco Félix

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ISBN: 9788483830376
Número de páginas: 289
Autor: Bataille, Georges;
Editorial: Tusquets

Expulsado del movimiento surrealista por el pesado de Jean-Paul Sastre debido a su inclinación hacia el misticismo, Georges Bataille (Puy-de-Dôme, Francia, 1897-1962) fue uno de los escritores más importantes de su generación. Michel Foucault, Philippe Sollers y Jacques Derrida, son sólo algunos nombres de quienes en la actualidad se vieron influenciados por su obra. Sin duda, se trata un personaje excitante que estuvo envuelto en la censura por sus descabelladas intenciones de generar una nueva religión, cuya sociedad secreta “Acéfala” promovía el sacrificio humano. Hay que decirlo, Bataille tenía la dislocada intención de ser sacerdote, de hecho, participaba en un seminario católico hasta que una epifanía en 1922 lo llevó a la apostasía. A veces hay que agradecer este tipo de traiciones, a estas renuncias que provocan en las personas una lucidez que la fe no te otorga.

Con Pierre Klossowski, André Masson, y Paul Delvaux, surrealistas de corte tardío o renegados del movimiento, más ligados al expresionismo abstracto, Bataille empieza a explorar el tema del erotismo. Un erotismo que discrepaba del pensamiento lacaniano que sentenciaba que no había tal sino la sexualidad.

A propósito de este escritor francés tan imprescindible y provocador, la editorial Tusquets reedita el libro, en la colección Fábula, de Bataille El erotismo, un ensayo primordial de 289 páginas escindido entre la sensualidad y el misticismo. En la capitulación de este libro se puede apreciar a leguas la preocupación de su autor por la profundidad filosófica adherida al erotismo y que sin duda nos enfrente como humanos ante nuestra animalidad. Raya en estrecha relación que existe entre el amor, la pasión y la muerte, el significado de la transgresión o la turbadora relación entre la santidad y la voluptuosidad. Este libro es de los más importantes y sus distintos estudios a lo largo de sus páginas ponen sobre la mesa tópicos demasiado actuales que nunca dejarán de hacer eco en la psique humana, el erotismo es inherente al hombre, no hay de otra.

[El ser humano] constantemente se da miedo a sí mismo. Sus movimientos eróticos le aterrorizan. (…) No pienso que el hombre tenga la más mínima posibilidad de arrojar un poco de luz sobre todo eso antes de dominarlo, dice Georges Bataille en el Prólogo de este ensayo. En ella, su autor nos descubre que ese «algo» que tanto teme el hombre, su «animalidad o exuberancia sexual», es precisamente aquello «por lo que no podemos ser reducidos a cosas», mientras que es nuestra «humanidad» en su actividad específica, el trabajo, lo que tiende a cosificarnos.

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Prisión Perpetua

Febrero 3, 2008 on 3:12 am |

Escrito por Andrei Vásquez

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Ricardo Piglia

Editorial Anagrama 2007

De nuevo recomendaremos a este autor. Me pregunto por qué se ha convertido en una figura recurrente de esta generación de lectores. Leer a Ricardo Piglia, argentino nacido en 1940, quizás sea un buen lente para acercarse a la literatura latinoamericana actual, pero también deberíamos comenzar a exigirle el gran libro que no deje lugar a dudas.

Sin embargo, con este nuevo libro, que en realidad escribió en 1988, nos confecciona de nueva cuenta sus ideas en torno a la memoria como fuente de creación y, a través de diversas formas literarias, nos narra dos relatos tan contundentes como difusos.

A partir de un diario de infancia, donde nos susurra su singular educación emocional y la formación de su esquema de pensamiento como creador, el lector rellena los huecos que deja el autor en una ficción posterior, un crimen pasional que cierra una multitud de líneas dramáticas y otras meramente reflexivas. En el segundo relato, basado en un diccionario maquilado por uno de los personajes para develar sus pistas, el lector redondea el misterio dejado por vagos recuerdos que un escritor, quizá el producto del diario del primer relato, tiene de una ciudad francesa. Es decir, ambos relatos exigen un esfuerzo del lector por completar o intuir las conexiones y los espacios en blanco. Lo cual provoca un nuevo nivel de goce, de disfrute, una invitación a la fiesta de las referencias literarias y los procesos de creación. Cosa no difícil de nombrar ahora, en el 2008, pero que hace veinte años, cuando Lengua de Trapo editó por primera vez este volumen, sonaba a días por venir.

Con la voz estimulante de conversador erudito que le conocecemos desde Respiración Artificial (1980), además de la sustancia de su prosa, su tono nostálgico de provincia argentina, su visión cosmopolita de la creación, y la capacidad de intriga que posee, heredada de su obsesiva lectura en torno a lo mejor de la novela policíaca universal, Piglia cierne en el misterio, una vez más, a su personaje favorito, el eje central de casi toda su obra: la literatura. La prisión perpetua.

Aún así, tengo la impresión de que Piglia, quizá, esté seguro de lo que nos debe como fieles lectores. Que más que redescubrimientos o pruebas de la perdurabilidad de su narrativa, permanecemos atentos a la llegada de su gran obra.

La nueva aventura de Quino

Diciembre 10, 2007 on 9:09 pm |

Escrito por Franco Félix

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La aventura de comer 105 pp.
Joaquín Salador Lavado “Quino”
Editorial Tusquets 2007

Empanadita de entrada.
Mafalda no vino a este festín. Es decir, no vino a esta fiesta. Ni Manolito, ni Guille, ni los demás personajes. Hoy dentro de esta historieta estamos nosotros. No la chaparita de cabello abultado, ni sus amigos dientones. Los personajes que aquí aparecen “tienen un peligroso parecido con todos nosotros” dijo mi amigo Rojo. Tipos ordinarios que somos, ahí, dentro de este libro, nosotros nos preparamos para almorzar.

Guarnición.
La editorial Tusquets ya antes había publicado otro libro de Quino. Bien. Su nombre real, para aquellos que necesitan corbata en el restaurant es Joaquín Salvador Lavado Tejón (Guaymallén, Provincia de Mendoza, 1932), creador de ese gran personaje que todos conocimos –digo, todos los que estamos sensibilizados realmente por todo este desastre hormonal de los políticos que dirigen el planeta: un humor que apenas entendemos los que no somos megalómanos, o los latinoamericanos (y sí, algunos lectores que siguieron a Mafalda en Italia, Francia y España- como la niña que estaba preocupada por la paz mundial y por esa indefensa y perdida humanidad. El otro libro que en 2005 publicó esta editorial es ¡Qué presente impresentable! En el que explora los temas de la contradicción, la desigualdad y la injusticia a través de sus monos.

Primer tiempo.
La aventura de comer es el nuevo título que Tusquets pone sobre la mesa de este gran autor argentino: maestro en la ironía. Sus cartones, secuencias de dibujos que en plena acción, se internan en un mundo irreverente, extraño, absurdo, graciosísimo y que por cierto no tiene nada de ficcional, son el espejo de otros personajes que se enfrentan a un plato de comida todos los días: nosotros, los comensales-lectores. Las aventuras que estos personajes experimentan son accidentes que la cotidianidad nos tiene preparada en restaurantes. El escenario, casi en cada una de las páginas, son precisamente mesas, sección de fumar o no fumar, restaurantes en los que las clases sociales se mezclan en el carnaval bajtiano.

Segundo tiempo.
Un hombre que se muestra magníficamente atento y alegre en su trabajo como mesero, es un repugnante y apático esposo en su hogar. ¿A algún lector le quedará la filipina? Mujeres gordísimas se presentan ante nosotros revelando un panorama inminentemente negro: las dietas no funcionan. Una familia ofrece en el menú a los invitados al pobre perrito que el par de hijos llora desde un lado oscuro en la mesa. Dios –ataviado con gabardina y gafas- huye del cielo en el que preparan caldos deshabridos para devorar un buen cerdo en el infierno donde la fiesta incluye esclavos preparando salchichas. Los temas que constituyen este menú de buen humor son la naturaleza inclemente de los meseros, la música como una decoración del hambre, el hambre de los artistas, los aristócratas y sus pendenciera postura culinaria, la irremediable salud de los glotones, la panza de la milicia, los vacíos y precarios convictos, la suerte gastronómica de los vagabundos, el buqué de los ebrios, y –de manera inevitable en Quino- la política del estómago.

Postre sin café.
A diferencia de aquel libro que escribiera Rius La panza es primero (1972), aquí el texto es casi nulo y tampoco hay historia. Los dibujos, sus posturas, sus gestos, son el diálogo con el que apuesta Quino; no se trata de dar lecciones sobre corrección política en la mesa –ojalá Gaby Vargas no lea este libro-, por el contrario, el libro en las manos consiste en la aventura de sentarse y esperar el acontecimiento, la fiesta; la anécdota viene después, la risa es primero.

La anarquía de Allen

Diciembre 7, 2007 on 4:54 pm |

Escrito por Franco Félix

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Regresa Woody Allen (Nueva York, 1935) a la narrativa en el género de cuentos con su más reciente título Pura Anarquía (Mere Anarchy, 2007). Un libro que suma a su extenso catálogo Editorial Tusquets en la colección Andanzas. 187 páginas del humor inigualable y torcido del neoyorquino autor de cintas como La provocación (Match Point, 2005) y El sueño de Cassandra (Casandra’s dream, 2007) logran que el lector devore este libro tan divertido. La traducción está a cargo de Carlos Milla Soler.

Los relatos de Pura Anarquía son minificciones que rozan en la cinematografía virtual, es decir, uno no puede dejar de imaginarse a Woody Allen flotando por la ciudad de Nueva York en “Errar es humano; flotar, divino”, el cuento que abre el libro. Inevitablemente –virtud o defecto en el autor- su imagen es la figura central de las distintas narraciones, la imagen hilarante del cineasta se esparce en todo el libro. Los escenarios, en su gran mayoría descubren el lado oscuro de la luna en el mundo del cine y el arte. Los personajes están condenados al fracaso en todo momento, están desprovistos del heroísmo patético de las historias actuales. Los personajes de Allen no son antihéroes tampoco, sino simples convocados al absurdo beckettiano que –segurísimos de su gran calidad como actores o escritores- se estampan contra una realidad superficial y encantadoramente realista.

Uno de mis relatos favoritos “Cantad, Sacher Tortes”, un cuento breve, como todos, donde uno de los protagonistas le cuenta al otro la posibilidad de hacer un musical que cambiará concepción del teatro en Broadway: Alma Mahler llevándose a la cama a la mitad del mundo artístico de su época. Los pobres machos beta, artistas que Mahler se devoró son Gustav Klimt, Egon Schiele, Stefan Sweig, Oscar Kokoschka, Walter Gopius, Franz Werfel, Adolf Loos, Karl Popper, Ludwing Wittgenstein, entre otros a los que se cepilló la compositora y pintora –que no está de más decirlo de paso- era esposa del gran compositor Gustav Mahler. No es de otro mundo el dato de esta tipaza que se alimentaba de los artistas, en gran parte de este relato de Woody Allen hay cosas muy ciertas, como ejemplo está la perdición de Kokoschka, su arribo a la locura, por el desplante final de Alma Mahler.

Algunos de los textos en este libro habían sido publicados en el New Yorker y en el New York Times, de hecho, algunos epígrafes están basados en noticias que ocurrieron entre el 2000 y el 2007, notas bastante rarísimas, casos extraños de la cepa de los temas a los que recurre Allen en sus largometrajes o en sus distintos libros. Con estos relatos, el autor nos entrega su cuarto libro de cuentos, algunos ya publicados por la misma editorial Tusquets en una compilación bajo el título de Cuentos sin plumas (2001). La misma editorial tiene cerca de 20 libros más de este autor quien explora los géneros del teatro y la narrativa en sus distintas publicaciones, entre ellas el guión cinematográfico.

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“El último lector” de Ricardo Piglia

Noviembre 30, 2007 on 10:00 am |

Escrito por Iván Ballesteros

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Hay una entidad propia de la literatura que resulta aun más inquietante que la del constructor de obras literarias: la del individuo secreto que gasta algún dinero en comprar títulos como aparatos de ficción imprescindibles. El lector (no el consumidor de modas editoriales) que proyectaba Borges como el último mecanismo que hace funcionar la escritura.
Si el trabajo del escritor es en solitario, el del lector es aislado, remoto. Por lo menos el escriba tiene sus notas y referencias; en cambio el lector entra al mundo del libro lanzado a su suerte. Fuentes asegura que el último lector de El Quijote, el que está leyéndolo en este momento, es también el primer lector de El Quijote. Nabokov consideraba que un lector notable es aquel que no se ve identificado con el personaje principal sino con el constructor de dicho personaje. Es la relación íntima que hay entre escritor y lector el tema que desarrolla El último lector (Anagrama, 2005) de Ricardo Piglia. Un recorrido extraordinario por lectores obsesivos de la historia literaria y los leyentes contenidos en sus obras.
Entre ensayo y narración, Piglia nos muestra una piara de lectores voraces que en su obsesiva fijación literaria encontraron, casi por error, la escritura. Kafka y su relación epistolar con Felice Bauer, Borges o la ceguera lectora, Joyce cornudo pero leyendo, entre otros. Resulta relevante el apartado que dedica Piglia a los personajes de obras clásicas en trascendentes “escenas de lectura”, el más célebre, Alonso Quijano. Pero también Anna Karenina leyendo una novela inglesa mientras viaja en tren, Hamlet antes de hablar con el Fantasma de su padre, Robinson Crusoe con su único libro en aquella isla desierta, Madame Bovary chutándose, atenta, novelitas sentimentales, Philip Marlowe leyendo notas rojas en un motel.
El libro es una serie de ensayos a los que antecede un cuento, evidentemente borgeano, sobre un fotógrafo que construye en su casa la replica exacta de Buenos Aires y en la que el narrador alcanza a mirarse desde el balcón de la casa del fotógrafo. El más sentido de los ensayos que contiene El último lector es el que muestra al Ché Guevara leyendo en situación de peligro o encaramado a un árbol.
Éste es un libro dedicado a los detectives insaciables, a los voyeurs que leen ficción como si se tratase de recuerdos de una vida pasada.
Se dice que los autores contemporáneos son escritores para escritores. Con El último lector Piglia nos muestra que esta sentencia no es un axioma.
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Los Culpables

Noviembre 27, 2007 on 9:08 pm |

Escrito por Andrei Vásquez

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Juan Villoro,
Editorial Almadía

 Extraordinario compendio de relatos —Premio de Narrativa Antonin Artaud 2007—, estructurados a manera de espejo retrovisor, en donde los personajes, conducidos por la culpa, propia o ajena, intentan avanzar con la mirada absorta en la nitidez del camino recorrido. La madurez, la lealtad y la confianza se atraviesan y ponen a prueba, avivadas por una voz entera, la de Juan Villoro, que nos demuestra cómo, sin siquiera rozar en lo folclórico, se puede explorar al ser humano universal a partir del mexicano.

Un mariachi, un viajero frecuente, un futbolista, un trailero, un escritor, un guionista de documentales y un limpiador de vidrios, envueltos en contextos radicalmente distintos, acuden al mismo momento de su vida, al armado del rompecabezas que los contiene. Su eficiente tejido entre situaciones paralelas, cuestionamientos internos de los personajes, los recuerdos, los estados de ánimo, la somera recreación de los ambientes y las conversaciones, es decir, cada una de las piezas que estructuran cada relato, nos susurran de qué lado masca la iguana.  

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