Prisión Perpetua

Febrero 3, 2008 on 3:12 am |

Escrito por Andrei Vásquez

| En General |

Ricardo Piglia

Editorial Anagrama 2007

De nuevo recomendaremos a este autor. Me pregunto por qué se ha convertido en una figura recurrente de esta generación de lectores. Leer a Ricardo Piglia, argentino nacido en 1940, quizás sea un buen lente para acercarse a la literatura latinoamericana actual, pero también deberíamos comenzar a exigirle el gran libro que no deje lugar a dudas.

Sin embargo, con este nuevo libro, que en realidad escribió en 1988, nos confecciona de nueva cuenta sus ideas en torno a la memoria como fuente de creación y, a través de diversas formas literarias, nos narra dos relatos tan contundentes como difusos.

A partir de un diario de infancia, donde nos susurra su singular educación emocional y la formación de su esquema de pensamiento como creador, el lector rellena los huecos que deja el autor en una ficción posterior, un crimen pasional que cierra una multitud de líneas dramáticas y otras meramente reflexivas. En el segundo relato, basado en un diccionario maquilado por uno de los personajes para develar sus pistas, el lector redondea el misterio dejado por vagos recuerdos que un escritor, quizá el producto del diario del primer relato, tiene de una ciudad francesa. Es decir, ambos relatos exigen un esfuerzo del lector por completar o intuir las conexiones y los espacios en blanco. Lo cual provoca un nuevo nivel de goce, de disfrute, una invitación a la fiesta de las referencias literarias y los procesos de creación. Cosa no difícil de nombrar ahora, en el 2008, pero que hace veinte años, cuando Lengua de Trapo editó por primera vez este volumen, sonaba a días por venir.

Con la voz estimulante de conversador erudito que le conocecemos desde Respiración Artificial (1980), además de la sustancia de su prosa, su tono nostálgico de provincia argentina, su visión cosmopolita de la creación, y la capacidad de intriga que posee, heredada de su obsesiva lectura en torno a lo mejor de la novela policíaca universal, Piglia cierne en el misterio, una vez más, a su personaje favorito, el eje central de casi toda su obra: la literatura. La prisión perpetua.

Aún así, tengo la impresión de que Piglia, quizá, esté seguro de lo que nos debe como fieles lectores. Que más que redescubrimientos o pruebas de la perdurabilidad de su narrativa, permanecemos atentos a la llegada de su gran obra.

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