Informe
Mayo 24, 2008 on 4:22 pm |Escrito por Andrei Vásquez
| En General |Rafael Lemus
Tusquets Editores, 2008
Esta reseña inicia con una confesión: quien esto escribe admira al reseñista que ha publicado sus cuentos. No sólo como crítico literario, ni por el acto de exponerse al riesgo de recibir los golpes que él ha dado; sino por el hecho de poner a discusión su narrativa ideal.
Así pues, este reseñista abre el libro con grandes expectativas, con la intención de bebérselo de un trago y después jactarse de ello frente a otros colegas. Sin embargo, con el avance de las páginas, nota que este libro no es para beberse de un solo trago, sino para tragárselo en soporíferas cucharadas. (Lo cual no es para nada una diatriba, sino al contrario, un aplauso a la congruencia del autor quien, desde el inicio se sospecha, no busca entretener al lector, busca desesperarlo, busca la fricción, y lo logra).
Informe pretende ser un mazacote frente a los productos ya digeridos que se escriben y se leen a diario. Sin embargo, en su apuesta por el lector, Lemus corre el riesgo de ofrecer textos intragables. Y no es por nuestro sistema digestivo acostumbrado a productos previamente masticados, sino por la forma de su masa. Porque ni siquiera es intragable por la complejidad de sus mecanismos narrativos o la profundidad de sus temas, es intragable en la superficie. Intragable nomás por ser intragable; literatura mazacote nomás por evitar ser literatura light, ya digerida. Hay que comer mucha fibra para deshacerse de la indigestión que provoca.
Tampoco es que se trate de ocho abstracciones divagantes, o simples perífrasis desquiciadas, Informe está compuesto por espirales que, siempre trastabillando, o se elevan al delirio o se hunden en la nieve. Pero sólo eso.
Informe es un libro sobre moscas. Las moscas como el arte por el arte, la literatura por la literatura, la forma por la forma, un sistema de auto referencias, onanismo. Si el lector intenta interpretar en los personajes de Informe símbolos en su pensamiento o alegorías en la acción, olvídese. Recuerde: sólo moscas. Otra conclusión: las moscas de Lemus no vigilan, su presencia es un zumbido exasperante.
Eso sí, en ese zumbido puede notarse el regodeo hiperbático de Efrén Hernández, la libertad delirante del Beckett narrador y la llanura de Walser.
A partir de la lectura de Informe, este reseñista se ha preguntado por el lector, en si podría recomendarlo. También piensa que no podría no recomendarlo, es decir, aunque la libertad de sus cuentos contrasta drásticamente con el tartamudeo de su prosa, aunque su forma aprisiona sus delirios, los textos son dignos de comentarse. Pueden ser un detonante para nuevos cuestionamientos en torno al lenguaje; alrededor de la narrativa. Aunque intragable, en algún nivel lleva la semilla apasionante de la literatura.
Fuera de todo esto, el texto más valioso es el epílogo, el único en donde vemos a un personaje concreto, en este caso temeroso, cernido por un peligroso misterio, buscando explicaciones sobre lo que lo ha llevado ahí. El único que toma conciencia. El único de sus textos que no flota en el aire.
Informe, pues, Mazacote, debería llamarse. Más que desquiciados, sus personajes parecen tartamudos. Sofisticado, demasiado, es su estilo y deslumbrante, por momentos ininteligible, su prosa. Grata idea, piensa este reseñista y aplaude, transcribir de otros, guiñarle al lector exigente. Aunque sus cuentos, ejercicios de ritmo, urdimbre extrema de ideas simples en espacio corto, antes que nada son su puro deleite. No le importa, por ejemplo, la claridad. Le encanta, así parece, enlodarse, arrastrarse en la forma y regodearse; así también, en el fondo: sólo flotar.
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