“El último lector” de Ricardo Piglia
Noviembre 30, 2007 on 10:00 am |Escrito por Iván Ballesteros
| En General |Hay una entidad propia de la literatura que resulta aun más inquietante que la del constructor de obras literarias: la del individuo secreto que gasta algún dinero en comprar títulos como aparatos de ficción imprescindibles. El lector (no el consumidor de modas editoriales) que proyectaba Borges como el último mecanismo que hace funcionar la escritura.
Si el trabajo del escritor es en solitario, el del lector es aislado, remoto. Por lo menos el escriba tiene sus notas y referencias; en cambio el lector entra al mundo del libro lanzado a su suerte. Fuentes asegura que el último lector de El Quijote, el que está leyéndolo en este momento, es también el primer lector de El Quijote. Nabokov consideraba que un lector notable es aquel que no se ve identificado con el personaje principal sino con el constructor de dicho personaje. Es la relación íntima que hay entre escritor y lector el tema que desarrolla El último lector (Anagrama, 2005) de Ricardo Piglia. Un recorrido extraordinario por lectores obsesivos de la historia literaria y los leyentes contenidos en sus obras.
Entre ensayo y narración, Piglia nos muestra una piara de lectores voraces que en su obsesiva fijación literaria encontraron, casi por error, la escritura. Kafka y su relación epistolar con Felice Bauer, Borges o la ceguera lectora, Joyce cornudo pero leyendo, entre otros. Resulta relevante el apartado que dedica Piglia a los personajes de obras clásicas en trascendentes “escenas de lectura”, el más célebre, Alonso Quijano. Pero también Anna Karenina leyendo una novela inglesa mientras viaja en tren, Hamlet antes de hablar con el Fantasma de su padre, Robinson Crusoe con su único libro en aquella isla desierta, Madame Bovary chutándose, atenta, novelitas sentimentales, Philip Marlowe leyendo notas rojas en un motel.
El libro es una serie de ensayos a los que antecede un cuento, evidentemente borgeano, sobre un fotógrafo que construye en su casa la replica exacta de Buenos Aires y en la que el narrador alcanza a mirarse desde el balcón de la casa del fotógrafo. El más sentido de los ensayos que contiene El último lector es el que muestra al Ché Guevara leyendo en situación de peligro o encaramado a un árbol.
Éste es un libro dedicado a los detectives insaciables, a los voyeurs que leen ficción como si se tratase de recuerdos de una vida pasada.
Se dice que los autores contemporáneos son escritores para escritores. Con El último lector Piglia nos muestra que esta sentencia no es un axioma.

2 comentarios »
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Gran libro ese de Piglia. Creo que aunque no tiene nada que ver con Respiración artificial y Plata quemada, aporta muchísimo sobre esa imagen casi olvidada e importantísima del lector-escritor. Un abrazo.
Comentario por Ricardo — 3 Diciembre 2007 #
Es chingón eso de la metalectura. Buena recomendación. Saludos.
Comentario por Alán — 5 Diciembre 2007 #