La nueva aventura de Quino

Diciembre 10, 2007 on 9:09 pm |

Escrito por Franco Félix

| En General |

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La aventura de comer 105 pp.
Joaquín Salador Lavado “Quino”
Editorial Tusquets 2007

Empanadita de entrada.
Mafalda no vino a este festín. Es decir, no vino a esta fiesta. Ni Manolito, ni Guille, ni los demás personajes. Hoy dentro de esta historieta estamos nosotros. No la chaparita de cabello abultado, ni sus amigos dientones. Los personajes que aquí aparecen “tienen un peligroso parecido con todos nosotros” dijo mi amigo Rojo. Tipos ordinarios que somos, ahí, dentro de este libro, nosotros nos preparamos para almorzar.

Guarnición.
La editorial Tusquets ya antes había publicado otro libro de Quino. Bien. Su nombre real, para aquellos que necesitan corbata en el restaurant es Joaquín Salvador Lavado Tejón (Guaymallén, Provincia de Mendoza, 1932), creador de ese gran personaje que todos conocimos –digo, todos los que estamos sensibilizados realmente por todo este desastre hormonal de los políticos que dirigen el planeta: un humor que apenas entendemos los que no somos megalómanos, o los latinoamericanos (y sí, algunos lectores que siguieron a Mafalda en Italia, Francia y España- como la niña que estaba preocupada por la paz mundial y por esa indefensa y perdida humanidad. El otro libro que en 2005 publicó esta editorial es ¡Qué presente impresentable! En el que explora los temas de la contradicción, la desigualdad y la injusticia a través de sus monos.

Primer tiempo.
La aventura de comer es el nuevo título que Tusquets pone sobre la mesa de este gran autor argentino: maestro en la ironía. Sus cartones, secuencias de dibujos que en plena acción, se internan en un mundo irreverente, extraño, absurdo, graciosísimo y que por cierto no tiene nada de ficcional, son el espejo de otros personajes que se enfrentan a un plato de comida todos los días: nosotros, los comensales-lectores. Las aventuras que estos personajes experimentan son accidentes que la cotidianidad nos tiene preparada en restaurantes. El escenario, casi en cada una de las páginas, son precisamente mesas, sección de fumar o no fumar, restaurantes en los que las clases sociales se mezclan en el carnaval bajtiano.

Segundo tiempo.
Un hombre que se muestra magníficamente atento y alegre en su trabajo como mesero, es un repugnante y apático esposo en su hogar. ¿A algún lector le quedará la filipina? Mujeres gordísimas se presentan ante nosotros revelando un panorama inminentemente negro: las dietas no funcionan. Una familia ofrece en el menú a los invitados al pobre perrito que el par de hijos llora desde un lado oscuro en la mesa. Dios –ataviado con gabardina y gafas- huye del cielo en el que preparan caldos deshabridos para devorar un buen cerdo en el infierno donde la fiesta incluye esclavos preparando salchichas. Los temas que constituyen este menú de buen humor son la naturaleza inclemente de los meseros, la música como una decoración del hambre, el hambre de los artistas, los aristócratas y sus pendenciera postura culinaria, la irremediable salud de los glotones, la panza de la milicia, los vacíos y precarios convictos, la suerte gastronómica de los vagabundos, el buqué de los ebrios, y –de manera inevitable en Quino- la política del estómago.

Postre sin café.
A diferencia de aquel libro que escribiera Rius La panza es primero (1972), aquí el texto es casi nulo y tampoco hay historia. Los dibujos, sus posturas, sus gestos, son el diálogo con el que apuesta Quino; no se trata de dar lecciones sobre corrección política en la mesa –ojalá Gaby Vargas no lea este libro-, por el contrario, el libro en las manos consiste en la aventura de sentarse y esperar el acontecimiento, la fiesta; la anécdota viene después, la risa es primero.

1 comentario »

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  1. se me antojó tanto leer el libro que casi me como la mano escuchando Depeche Mode

    Comentario por Silvino — 12 Diciembre 2007 #

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